Sant Llorenç de Balàfia, el gran desconocido

En Ibiza todavía existen muchos rincones secretos con encanto por descubrir. Sin duda, Sant Llorenç de Balàfia es uno de ellos. Pequeño pueblo rural situado al norte de la isla cerca de la localidad de Sant Joan de Labritja. Rodeado de campo, donde el tiempo pasa despacio y todo gira en torno a un mismo sitio, la iglesia y junto a ella, un pequeño bar. Desde hace poco tiempo han abierto el Centro de Interpretación del paraje natural “des Amunts”. Un lugar que pretende informar y orientar de este espacio paisajístico, natural y cultural con singularidad propia.
Sant Llorenç de Balàfia es uno de los mejores lugares de la isla donde se puede contemplar la arquitectura tradicional ibicenca. El viejo poblado de Balàfia es un conjunto fortificado constituido por cinco casas payesas de paredes encaladas, muros gruesos de piedra y dos torres defensivas adosadas a las casas cuya finalidad era resguardarse de los ataques. Forman una zona de gran interés arqueológico y protegido por su alto interés cultural.
En los alrededores de Sant Llorenç existen varios restaurantes con personalidad y estilo propio. Algunos de ellos muy originales, como La Paloma. Un restaurante de aires bohemios, situado en una casa payesa en frente de la iglesia rodeado de un huerto de naranjos. Abren todo el año, en verano te ofrecen unos suculentos desayunos y un menú diario con toques y sabores mediterráneos, una selección de foccacias caseras y ensaladas exóticas. En el mismo desvío de Sant Llorenç, en la carretera de Sant Joan, está Es Pins un lugar de auténtica cocina ibicenca que destaca por sus arroces y platos caseros de “matanza de cerdo”. Allí aún siguen elaborando su propio pan en horno de leña como antaño. Subiendo por la misma carretera encontramos con Ca Na Pepeta, una antigua casa payesa convertida en una tienda de comestibles hace años y en la actualidad se ha convertido en un excelente restaurante de cocina ibicenca que siguen elaborando las mismas recetas que su fundadora “sofrit pagès”, “palomo al horno” o “xerret frito o en escabeche”. Una carretera llena de sabores y olores culinarios.





